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Fundador: Emilio J. Corbière
Buenos Aires, 21 / 12 / 2007
Reflexiones a propósito
del film rumano '4 meses, 3 semanas y 2 días' Ninguna mujer elegiría abortar
(1), si pudiera controlar del todo su fertilidad. El film es muy claro al
respecto: abortar es una experiencia traumática y está agravada por la condena
social y la culpa. Sabemos que no hay anticonceptivos totalmente seguros. La
ciencia no se ha ocupado en desarrollar anticonceptivos masculinos seguros que
nos preserven de maternidades no deseadas. Sin embargo..., a las mujeres no se
nos ocurre que los varones se vasectomicen y se legisle sobre el cuerpo
masculino que embaraza. Ningún hombre ha vivido en su cuerpo el miedo, el
dolor, la tristeza, la culpa, en definitiva la violencia que implica la
experiencia de abortar. Información Adicional http://www.argenpress.info/nota.asp?num=050367&parte=0 redaccion@argenpress.info
Aborto y libertad para decidir
Por: Liliana Mizrahi
Fecha publicación:18/12/2007
Abortar es una experiencia sórdida, la violencia se ejerce sobre el cuerpo y
sobre la conciencia de la mujer. Esto está expresado casi sin palabras en el
film.
El cuerpo de las mujeres no es una materialidad muda, no se designa un objeto,
ni una máquina reproductora, se nombra una identidad profunda en su verdad
natural.
¿Porqué las mujeres debemos someternos a embarazos que en realidad son
accidentes no buscados ni deseados? Quedar embarazada de un hijo que no se buscó
ni se desea es una experiencia muy dura. Esto se ve con claridad en la película.
Si a esto, que no es poco dramático y que muchas veces termina siendo trágico,
se le agrega la amenaza, la persecución, la clandestinidad que inevitablemente
implica la penalización legal: la culpa, el miedo, la impotencia pueden llegar
a ser muy destructivos para las mujeres. No hay ninguna política, ética,
sistema de pensamiento o de opinión que no se transforme en opresivo, mientras
las mujeres no tengamos el poder absoluto sobre el uso de nuestros cuerpos. Se
nos expropia de un derecho que tenemos y que es un derecho humano. Todo el film
gira alrededor de estos conceptos y el gran malentendido que esto significa para
varones y mujeres.
La libertad de decisión de las mujeres no está sólo amenazada por una
legislación autoritaria sino también, de un modo oculto y fuerte, por la
banalización de los conflictos esenciales y la creciente incapacidad de
cuestionarnos acerca de la vida y de la muerte.
¿Porqué el aborto es peor que la pérdida de vidas humanas en guerras,
genocidios, holocaustos, o bien en políticas económicas que, a más largo
plazo, matan igual ?
Nuestros políticos, nuestros sacerdotes, nuestros dirigentes, no quieren
mujeres autónomas que puedan poner en crisis el dominio y el control masculino
sobre nuestra capacidad reproductora y sobre la institución maternidad como
institución política. Las escenas con el varón que va a realizar el aborto
ratifican la necesidad de imponer el poder masculino sobre el cuerpo de ambas
mujeres.
La institución de la maternidad es invisible, intocable, sagrada y mistificada.
No hablo de abolir la maternidad, sino de propiciar la responsabilidad, la
creación y el sostén de la vida en el terreno de la libre decisión. La
maternidad debe ser una tarea libremente elegida.
Si el argumento es: “En defensa de la vida”, entonces hablemos primero de
los que ya nacieron, de la indiferencia y el desprecio glacial por el otro. De
la falta de solidaridad, el individualismo y la autorización para manipular la
vida de los otros.
La defensa de la vida puede convertirse en devoradora cuando procede a la
eliminación de todos los que (supuestamente) la obstaculizan.
El problema no es la defensa de la vida sino la necesidad masculina de controlar
el poder reproductor de la mujer que, desde hace siglos, ha constituido un
espacio de grandes contradicciones. El patriarcado, la misoginia, el machismo,
que muestra la película a través del personaje masculino, que maltrata a las
dos jóvenes, habla de políticas opresoras, que en nombre de la vida, conducen
a la extrema inhumanidad.
El poder político y el poder religioso no conciben a la mujer como sujeto en
tanto un ser con autonomía, conciencia y responsabilidad. Ellos agravan o
banalizan, exasperan o apuran los problemas sociales de complejidad ética. En
el patriarcado, las políticas son aquellas que mantienen la supremacía y el
control masculino intactos, en nombre de una vida que ellos son los principales
en destruir y abortar.
De Rumania a la Argentina, casas más, casas menos...
Nuestro país, Argentina, ha generado y sigue generando verdaderos abortos
humanos, monstruos que llegan a desarrollarse como adultos siniestros y
abominables, en tanto secuestradores, torturadores, abusadores de niños,
violadores de mujeres, apropiadores, asesinos. En Argentina se penaliza el
feticidio y hasta hace poco tiempo, se había despenalizado el genocidio.
¿Por qué se pretende que recaiga sobre las mujeres todo el peso del respeto y
el cuidado de la vida?
La misoginia es una tensión aberrante. Si queremos aprender a ser libres y
responsables nadie puede decirnos lo que debemos pensar. El núcleo de la
responsabilidad moral de cada uno, es aprender a ver y saber elaborar el propio
pensamiento. Desde hace siglos, existe un intenso temor ante la perspectiva de
que las mujeres tengamos la última palabra acerca de la capacidad reproductora
de nuestros cuerpos. Es por eso que esta sociedad que excluye y reprime, en
definitiva expropia la libertad de elección de la mujer en cuanto a su propio
cuerpo y sus maternidades.
Las mujeres, (la mayoría), no estamos a favor del aborto porque sí, estamos a
favor de “nuestra libertad para decidir”.
Las políticas económicas continúan siendo abortivas. Multiplican los
infanticidios a diario, generan carencias: alimentación, cuidados de salud,
educación, escolaridad, resguardo, techo, familia. Políticas económicas
abortivas que expulsan y abandonan a nuestros niños o inducen a nuestros jóvenes
al alcohol, las drogas, el homicidio, el suicidio, por impotencia, por
desesperación. Políticas que manifiestan el desprecio por las generaciones
futuras e interrumpen, malogran o hacen fracasar el desarrollo vital de niños y
jóvenes. Los abortan. Un sistema político, educativo y religioso que no se
ocupa (como debiera) de la educación sexual, de planes y métodos
anticonceptivos, de la prevención de embarazos en adolescentes, o del sida.
Abortan.
Una sociedad que muestra a diario el desprecio por la vida en general, el
rechazo por el otro y desarrolla desde el poder religioso, un discurso en
defensa del embrión y pretende legislar sobre, nada más ni nada menos que, el
cuerpo de las mujeres.
En la Argentina somos administrados por políticos de ética frágil y tardía
que viven apremiados por el marketing electoral y su discurso está por el suelo
en tanto credibilidad. Se toma el problema aborto como tema de campaña
electoral y se pervierte el interés social y ético del tema.
¿Quiénes entre los argentinos estamos dispuestos a un debate abierto, profundo
y honesto sobre las políticas abortivas sociales, económicas, religiosas y
culturales?
Así como no se puede matar, no se puede mentir y no se puede
robar. Sin embargo...
Hablemos de las matanzas de los que ya nacieron, de los asesinatos directos e
indirectos, inducidos y legitimados que se cometen a diario. La mayoría de
nuestros políticos y nuestros sacerdotes son hipócritas, pueden sostener su
doble discurso, su doble moral y nuestro pensamiento crítico, nuestras propias
voces y nuestra participación política se ha debilitado. Nos han debilitado:
el terror, la represión militar, la injusticia, la pobreza, la miseria
espiritual, el vacío moral, la apatía y la impotencia ante la corrupción de
nuestros políticos, nuestros empresarios y nuestros religiosos.
Si el tema es el aborto en tanto feticidio, creo que las mujeres debemos tener
el derecho de decidir que hacer con nuestros cuerpos y con nuestras
maternidades.
Se trata de asumir una conciencia de responsabilidad sobre nuestras
maternidades, a solas, en pareja, con nuestros sacerdotes o nuestros ginecólogos,
con nuestra familia o nuestros amigos, oscilando entre la buena y la mala
conciencia, pero responsables y maduras, sin culpa y sin miedo.
Las mujeres que votamos somos adultas (maduras o inmaduras), y muchas somos
independientes y autónomas. En la autonomía, auto-nomos, uno mismo se da sus
leyes. La autonomía es un actuar reflexivo y crítico que crea un movimiento
sin fin, a la vez individual y social. La democracia es un régimen de la
autorreflexión política, social e individual. La lucha por la democracia es la
lucha por un verdadero autogobierno en todos los órdenes.
Recordemos: nos han debilitado y muchas veces intentaron abortarnos como
comunidad y como país.
Nota:
1) Abortar: del latín abortare, derivado de abori: perecer y éste de oriri,
levantarse, nacer. Parir un feto muerto. Malograrse. Fracasar. Interrumpir.
Producir alguna cosa deforme, fea y repugnante. (Dicc. del Uso del Español de
María Moliner.)
Liliana Mizrahi es Licenciada en psicología, ensayista, autora de entre otros
libros, “Mujeres en plena revuelta”.
Tema: Aborto
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